martes, 18 de octubre de 2011

AMORDOSIS


La amordosis es una enfermedad mental con dos manifestaciones principales: la neurosis obsesiva amorosa y la dependencia emocional inevitable. La primera hace que te vuelvas lelo, neurasténico, psicótico; la segunda hace que no puedas vivir sin la dosis diaria de la droga.

Se trata de una enfermedad grave, aunque transitoria; incómoda, pero tolerada; leve pero insoportable; liberadora pero atenazante; creativa pero reiterativa; generosa pero posesiva; apetecida pero adictógena, insufrible pero liviana; alegre pero severa; común pero exclusiva, etc. Esta patología la sienten los que la sufren, pero la padecen todos los que conviven con los afectados.

Todos – y todas - la hemos sufrido, sufrimos o sufriremos; no hay raza, sexo ni edad que se libre de ella. ¡Y pobre el que nunca haya enfermado, o enferme!, qué penuria emocional la suya.

Yo - lo confieso - la he sufrido muchas veces, o al menos eso me parecía. Pero ahora ya estoy curado, o al menos eso creo. Aunque a veces pienso que con frecuencia recaigo en sus abismos, tenazas y miserias. ¿A ti también te pasa, verdad? De hecho hay científicos que aseguran que este mal puede durar muchos años, aunque la mayoría opina que es un trastorno mental transitorio, que se dura poco, se cura solo y casi nunca deja secuelas. ¡Qué bonito, verdad!

Aunque, seguro que te preguntarás, y con razón, ¿a qué viene hablar de esta tontuna en estos tiempos tan ingratos y peligrosos?

Pues es bien sencillo. Se debe a que esta mañana, como tantas otras, harto de despertarme oyendo palabros económicos que no entiendo, amenazas de agencias financieras que no conozco, declaraciones de supuestos expertos incapaces de arreglar nada, o promesas de politicastros embaucadores que solo tratan de ocultar sus incompetencias, he tratado de distraerme del barullo y me he inventado esta bonita palabra: “Amordosis”, dosis de amor, neurosis de amor… qué liviandad insustancial, qué distracción tan inocente y barata.

Luego he pensado que tal vez a esas personas tan sesudamente concentradas en la crisis, con sus severas inteligencias abstrusas, lo que les pasa es que están enfermas de amordosis, y por eso parecen tan lelas, tan inútiles, tan reiterativas y tan severas. Quizá podamos achacarle a esa enfermedad sus idiocias inoperantes. Lo que no he logrado colegir es con quien pueden sentirse amordóticas, como no sea consigo mismas.

Aunque, bien pensado, me temo que no, que esas personas son de las que nunca enferman de amordosis, lo suyo es más grave, más crónico, más contagioso y más peligroso para los demás.

Por eso yo prefiero sufrir de amordosis todavía, o quizá siempre, y tú también, ¿verdad?

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un centímetro cúbico.



Casi todos los días, casi todas las personas besamos, pero casi nunca pensamos en porque lo hacemos y qué consecuencias tendrá. Posiblemente porque al ser algo tan común no hace falta hacerlo, aunque en el fondo besar es algo tan sencillo como misterioso, o tan complejo como fácil. Por eso en este blog nos preguntaremos muchas cosas sobre esta curiosa y frecuente conducta humana: ¿Qué son los besos?, ¿por qué besamos?, ¿para qué besamos?, ¿por qué nos gusta besar?, ¿por qué hay tantas maneras de besar?, ¿sólo besamos los seres humanos?, ¿por qué hay tantas diferencias entre personas y culturas?... y también ¿a dónde van los besos que damos?, ¿y los qué no damos?

Las respuestas las salpicaremos de cosas y casos, de datos y anécdotas, de teorías y hechos, de acciones y omisiones, de asuntos propias y colaboraciones ajenas, de noticias y comentarios, de brotes y rebrotes de “oscularidad”.

Y es que, en la vida humana casi todo, casi siempre, empieza por los labios, esos maravillosos instrumentos multiusos que los seres humanos tenemos en la puerta de la vida. A ellos les confiamos no sólo nuestra nutrición, sino gran parte de nuestras relaciones, nuestros afectos y nuestras conductas reproductivas.

Gran parte de ello se debe a que los seres humanos somos los animales más pelados del Planeta y los labios son la parte de piel más pelada de nuestro cuerpo, por eso el beso es tan sutil, sensible, excitante y peligroso. Se dirá que los otros “labios” también son finos, pelados y sensibles, pero sólo los tienen la mitad de las personas.

Los besos casi siempre empiezan por la pequeña parte de piel fina y sensible de los labios. Tan sólo “un centímetro cúbico”, o unos pocos centímetros cuadrados de piel especializada, pero tan “especial” que a ellos le confiamos buena parte de nuestra vida relacional, emocional y nutricional.
Bajo esos pocos centímetros hay miles de receptores, decenas de músculos, una tupida red de tejido conectivo, cientos de terminaciones vasculares y docenas de glándulas… Y además hay color, sabor, tacto, belleza, sentido y sensación.

Desde esa pequeña parte del cuerpo humano parte este viaje al “planeta de los besos”.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Besos sin fronteras

A las personas que nos han dedicado unos minutos para expresarnos su cariño en estas navidades, les deseamos "besos sin fronteras"
Familia Gándara y Alvarez