domingo, 26 de diciembre de 2010

Un centímetro cúbico.



Casi todos los días, casi todas las personas besamos, pero casi nunca pensamos en porque lo hacemos y qué consecuencias tendrá. Posiblemente porque al ser algo tan común no hace falta hacerlo, aunque en el fondo besar es algo tan sencillo como misterioso, o tan complejo como fácil. Por eso en este blog nos preguntaremos muchas cosas sobre esta curiosa y frecuente conducta humana: ¿Qué son los besos?, ¿por qué besamos?, ¿para qué besamos?, ¿por qué nos gusta besar?, ¿por qué hay tantas maneras de besar?, ¿sólo besamos los seres humanos?, ¿por qué hay tantas diferencias entre personas y culturas?... y también ¿a dónde van los besos que damos?, ¿y los qué no damos?

Las respuestas las salpicaremos de cosas y casos, de datos y anécdotas, de teorías y hechos, de acciones y omisiones, de asuntos propias y colaboraciones ajenas, de noticias y comentarios, de brotes y rebrotes de “oscularidad”.

Y es que, en la vida humana casi todo, casi siempre, empieza por los labios, esos maravillosos instrumentos multiusos que los seres humanos tenemos en la puerta de la vida. A ellos les confiamos no sólo nuestra nutrición, sino gran parte de nuestras relaciones, nuestros afectos y nuestras conductas reproductivas.

Gran parte de ello se debe a que los seres humanos somos los animales más pelados del Planeta y los labios son la parte de piel más pelada de nuestro cuerpo, por eso el beso es tan sutil, sensible, excitante y peligroso. Se dirá que los otros “labios” también son finos, pelados y sensibles, pero sólo los tienen la mitad de las personas.

Los besos casi siempre empiezan por la pequeña parte de piel fina y sensible de los labios. Tan sólo “un centímetro cúbico”, o unos pocos centímetros cuadrados de piel especializada, pero tan “especial” que a ellos le confiamos buena parte de nuestra vida relacional, emocional y nutricional.
Bajo esos pocos centímetros hay miles de receptores, decenas de músculos, una tupida red de tejido conectivo, cientos de terminaciones vasculares y docenas de glándulas… Y además hay color, sabor, tacto, belleza, sentido y sensación.

Desde esa pequeña parte del cuerpo humano parte este viaje al “planeta de los besos”.

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